lunes, 14 de febrero de 2011

Sueño de maga.

Sueño de maga


Gabriela habita en el mundo de la onirea, por eso la posibilidad de realizarlo dice presente desde la arena de este reloj mío, tan desafinado, tan de otra época. Gabriela es un sueño que quiere ser soñado y se aleja.
Gabriela sueña y en sus sueños me busca y llora,  no me encuentra. Busca el sueño porque es en ellos. Son sueños a veces húmedos, a veces ávidos, son un mundo de fantasías algueadas por la intolerancia del mundo, amantes de búsquedas inexplicables... es sueños, sueños de cama, de gatos  desmemoriadas, de venganzas, de pavor por amar... de ser amada sin permiso.
Gabriela mira y en mi cara siento la mirada del espejo. Y frente a mi, en mi reflejo, sucede el rostro de una extraña, una expresión de profunda tristeza invade esa imagen que me observa como suplicando comprensión. O tal vez un poco de amor, o tal vez colores, quizás una avalancha definitiva de distancia.
Sus ojos languidecen en el centro del buscar, tan diferentes a mi expresiva mirada, su mirada tan ávida que mira hacia otros amaneceres. No es mi imagen. Más siento como si esa mujer con el rostro seco de la amargura estuviera dentro de mí, como si formara parte de mí ser.


En el sueño la observo, y aun no se que cosas salí a buscar, desconozco el motivo que me trajo hasta aquí. Quiere hablarme, Trata de contarme su tristeza, trata  de hacerme entender sin dejar cicatrices, no puedo escucharla, no sabe decirme, no quiere mostrarme el horror, Es muy débil. Cierra los ojos. Cansada de intentar comunicarse con su imagen exterior.
 En su sueño, me miro al espejo, y el reflejo sigue allí, Soy yo, pero no es mi rostro. Si, si es mi rostro, invadido de profunda tristeza. Quiero tocarla, abrazarla, secar sus lágrimas. Siento mía su angustia. Siento sobre mis hombros el peso de su desdicha. Quisiera hablarle, ¿cómo atravesar ese cristal aparentemente infranqueable que nos separa?, Gabriela se desdibuja poco a poco, va perdiendo sentido su silueta, siento que se va alejando y con ella parten mis rasgos.
 No puedo dormir. Solo pienso en esa “yo” detrás del espejo, en ese yo dentro de su sueño. Su tristeza me obsesiona y debo buscar una solución. No puedo permitir que este triste, pero no puedo permitirme dejar de vivir y sumirme en una tristeza que, aunque aparentemente lejana, siento mía. Lamento tener que destruirla. Los cristales quebrados  llenan el suelo, a la vez que mi alma sale a encontrarse son su verdadero yo.
Triste de razones sin importancia, amoratada por deseos infructuosos, se vuelve imagen casi absurda del fantasma de una risa demente que a veces parece amenazante, otras tantas solo parece  una horrorosa sed de correr dando gritos hacia el centro de la vida... hacia el horizonte de que hubo soñado.

R.G

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