Ven
A veces suele visitarlo una voz
insomne capaz de reparar puentes enfermos de olvido; una mirada etérea que con
sutileza disminuye el dolor de las lesiones que trajo la tarde y la frialdad de
las fronteras impuestas por el miedo.
La voz le habla suavemente para
no despertarlo, ella sabe que es imposible molestar a quien no descansa... y le
habla en silencio, con códigos que él conoce bien. La mirada le dibuja caminos
con sus alas rojizas, le silba señales que han sido compuestas a cuatro manos y
le recita andares que habían sido robados a la noche y al frio.
Él busca silenciarla y decide
dormir; sorbió un trago de agua para ayudarse a tragar la culpa de recaer en su
nuevo vicio: Vivir como intruso en los sueños lisérgicos que surcan la noche,
colearse en la materia onírica que vuela sobre una ciudad recién llovida… ¿Sueñan los gatos con ojos de perro azul?
¿Podrá Mister Hide esconderse entre las arenas de Reverón?
Estuvo casi una hora apoyado en
la ventana, mirando edificios con luces en off, recordando aquel antiguo poema
sobre unos pies fríos que debían calentarse con abrazos y canciones y se
pregunto si aquella musa habría conseguido el abrazo tan presentido y tan bien
descrito por truenos y gotas fulminantes.
Decidió apagar la luz; de fondo seguía
sonado "shine on your crazy diamond" y en sus manos se mantenía
rugiendo la voz oceánica de Zaratustra, por eso se llevó el libro a la cama y
lo deslizo bajo la almohada… afuera, las
primeras luces del día se confundían con los brillos del relámpago.
Él logró dormirse entre el solo de
saxofón tenor y la ráfaga de viento que introduce “Wish You Were Here”. Pero antes estuvo
repitiendo, como si fuera un mantra, la canción breve que le estuvo susurrando
la voz del insomnio: VEN!
Oct-2012
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