Me gusta volver a Macondo.
Recorrer esas calles y conseguir a la gente que conocí en la adolescencia y que aun siguen allí, reconstruyendose nuevamente en cada paso de pagina.
La onda de los que vienen, la partícula de lo que esta sucediendo, no termina de ser y siempre comienza.
Macondo, azotado por su ultima tormenta y con el ultimo de los Buendia terminando sus horas sobre el lomo de las hormigas.
Macondo suspirado por el coronel Aureliano frente a un pelotón de fusilamiento, donde "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo." ...
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