Últimamente suele visitarlo una voz insomne, un susurro capaz de reparar puentes enfermos de olvido; otras veces lo asalta una mirada sepia, etérea y fija, que con sutileza disminuye el dolor de las lesiones que dejó la tarde y la frialdad de las fronteras impuestas por el miedo.
La voz le habla suavemente para no despertarlo, ella sabe que es imposible molestar a quien no descansa... y le habla en silencio, con códigos que él conoce bien.
La mirada le dibuja caminos con sus alas rojizas, le silba señales que han sido compuestas a cuatro manos y le recita andares que habían sido robados a la noche y al frío.
Él busca silenciarla y decide dormir; por eso abandonó el mueble que cada vez era mas verde, por eso en un trago de agua quiso sorber la culpa de recaer en su nuevo vicio: Viajar como intruso en el vértigo de los sueños que surcan la noche, colearse en la materia onírica que vuela sobre una ciudad recién llovida…
¿Sueñan los gatos con ojos de perro azul? ¿Podrá Mister Hyde esconderse entre las arenas de Reverón?
Estuvo casi una hora apoyado en la ventana, fumando y mirando edificios con luces en off, recordando aquel antiguo poema sobre unos pies fríos que debían calentarse con abrazos y canciones... y se pregunto si aquella musa habría conseguido el orgasmo tan presentido y tan bien descrito por truenos y gotas fulminantes.
Decidió apagar la luz; de fondo seguía sonado "Shine on your crazy diamond" y en sus manos se mantenía rugiendo la voz oceánica de Zaratustra, por eso se llevó el libro a la cama y lo deslizo bajo la cabecera, por eso dejó que el blues progresivo fuese el único sonido…
Afuera, las primeras luces del día se confundían con los brillos del relámpago.
Él logró dormirse entre el solo de saxofón tenor y la ráfaga de viento que introduce “Wish You Were Here”. Pero antes estuvo repitiendo, como si fuera un mantra, la canción breve que le susurraba la voz del insomnio: VEN!
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