domingo, 16 de diciembre de 2012
El codigo Guayoyo
La escena transcurrió esta mañana mientras desayunaba dilatando mi entrada a la rueda diaria.
Él ojeaba una taza de café con leche. Élla se tragaba con los ojos un periodico cualquiera.
Ambos intentaban sobrevivir a de uno de esos silencios incomodos que se crean cuando no hay nada que decir (aunque parezca necesario decir algo).
Ella sospechó una tensión violenta y callada, trató de surfearla diciendo: - Fijate, tal día como hay nació Leonardo.
Él, elevando una mirada llena de esperanza y tedio, preguntó: - ¡¡Di caprio??
Ella, con una mirada de calibre 44 le respondió palpándole una mano y con voz de desesperación resignada:
- Da Vinci, MI AMOR.
Como si se tratara de un santo y seña y sin voltear la mirada yo dibujé una sonrisa solidaria en un solitario charquíto de café Guayoyo (-Grande, por favor.)
Ella, de lejos y calladamente, respondió mi sonrisa sin apartar los ojos de su lectura.
Él comenzó un silencio que parecía irreversible,
mientras ojeaba una taza
de café con leche.
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