Ahora estaban a merced de la lluvia, de
los vientos. Ahora tendrían que prepararse para padecer los males que llegarían
mas allá del mar y morir
Así tendrían que aprender a convivir
juntos como iguales y con otras familias, con otros pueblos.
Para no ser castigados nuevamente se volvieron a la tierra que jamás los
abandono. A ella dedicaron sus días, sus brazos y sus cantos.
La piel de los tamanacos tomó el color de
la tierra. Ella, junto a la lluvia y al sol, puso a prueba a toda aquella gente.
Si luchaban con arrojo, valor y tesón
para hacer posible sus sueños de hacer mundos mas bellos que el que
encontraron, entonces no morirán de olvido.
La sangre de los tamanacos renacería en
cada futuro toda vez que el mundo necesitara ser otro. la palabra de los
tamanaco cambiaría solo de piel.
La tierra, la lluvia y el sol recordaron
el deseo de Amalivaca, él quería que los colores llenaran el cielo y recordaran
su reunión, así crearon el arco iris.
Debió ser un circulo que recordara la
vida, pero pensaron que sería mejor un arco que mostrara la obra inconclusa del
creador del moriche y la lluvia.
Todo tamanaco debe emprender la lucha
contra las fuerzas que se oponen a la creación, cada vez que, entre las nubes,
se asoma aquel milagro.
Desde entonces, el arco iris es una señal
vigilante, un pacto para vencer la tristeza y derrotar la sombra de aquella
anciana incredula.
Ese arco de colores debe inspirar el aliento que hace libres a
los hombres y a las mujeres de esta tierra y el camino te retorno a los tiempos
de Amalivaca.
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