miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tiempos de Amalivaca (II)



El mundo que comenzaba vio discutir a Amalivaca y ouchhi solo una vez, fue una época en la que suspendieron sus tareas y decidieron imaginar el Orinoco.

Esas tierras y sus gentes tenían la necesidad de impresionar al trueno porque les asustaba con su voz de gigante.

Además, necesitaban llegar mas rápido a sus destinos y tener mejor pesca, pero se les puso como única condición que el recorrido no cansara los brazos del remero

Fueron muchos los días, las palabras y los silencios. Sus ensayos iban dejando ríos y lagunas regados por toda la región.

Sus pensares traían aguaceros y las crecidas cambiaban el rostro del paisaje en cada suspiro, hasta que decidieron buscar consejo.  

Amalivaca salió a convivir y a aprender con los saberes de otras tierras. Buscó la energía y la inspiración en una casa de agua, cercana al gran peñón.

Allí aprendió otros sonidos, otras palabras y llenó sus ojos con nuevas texturas y colores. Ahí entendió el lenguaje del mar y asumió sus claves.

Conoció caminos que ascendían hacia la mirada del cielo y anduvo por sendas que le  dieron la sensación de estar perdido. 

Antes de tomar su camino, Amalivaca compartió los secretos que guardaba su tierra, las costumbres de sus habitantes y los caminos para llegar hasta allá. 

Por la mañana partió y silbando componía poemas a la brisa, al fuego y a la orquídea, que felices se iban creando con su canto.

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