El mundo que comenzaba vio discutir a
Amalivaca y ouchhi solo una vez, fue una época en la que suspendieron sus
tareas y decidieron imaginar el Orinoco.
Esas tierras y sus gentes tenían la
necesidad de impresionar al trueno porque les asustaba con su voz de gigante.
Además, necesitaban llegar mas rápido a
sus destinos y tener mejor pesca, pero se les puso como única condición que el
recorrido no cansara los brazos del remero
Fueron muchos los días, las palabras y
los silencios. Sus ensayos iban dejando ríos y lagunas regados por toda la
región.
Sus pensares traían aguaceros y las
crecidas cambiaban el rostro del paisaje en cada suspiro, hasta que decidieron
buscar consejo.
Amalivaca salió a convivir y a aprender
con los saberes de otras tierras. Buscó la energía y la inspiración en una casa
de agua, cercana al gran peñón.
Allí aprendió otros sonidos, otras
palabras y llenó sus ojos con nuevas texturas y colores. Ahí entendió el
lenguaje del mar y asumió sus claves.
Conoció caminos que ascendían hacia la
mirada del cielo y anduvo por sendas que le
dieron la sensación de estar perdido.
Antes de tomar su camino, Amalivaca
compartió los secretos que guardaba su tierra, las costumbres de sus habitantes
y los caminos para llegar hasta allá.
Por la mañana partió y silbando componía
poemas a la brisa, al fuego y a la orquídea, que felices se iban creando con su
canto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario