No manejo para buscarte a ti. Soy yo a quien busco.
Me busco a
través de ti, de tus pistas, de tu espejo, de esas calles que ya no son
de nadie y sin embargo se dejan pisar igual que los prostáticos se dejan
meter el dedo por el culo.
Busco, me busco y no te encuentro y si te
encuentro no eres tú a quien busco y por eso desespero y me tiro de los
pelos que aun tengo y me entran ganas de gritarle al megáfono roto del
alma pero no tengo voz porque mi voz es tuya, la tienes tú, que con mis
cuerdas vocales hiciste un tendedero de tu casa a la mía que no tengo.
Y
si te escondes no me encuentro. Y si me busco no te encuentro. Y si te
encuentro me rebusco la quinta pata que el gato no tiene y así pierdo el
equilibrio y me caigo y me caes mal porque no encuentro el modo de
encontrarte en mí.
Aunque puede que la culpa no sea mía ni tuya,
que no te encuentre porque no soy, porque no existo aunque los panas del
místico aseguren lo contrario: Les llevo a sitios que existen, que se
pueden tocar.
Quizás sea eso, que busco eter. Rizar el rizo que me molesta en la cara.
O que estoy más vivo de lo normal. Demasiado vivo. Eso tampoco es bueno.
Que lo que vivo no se bebe, ni se huele...
No hay comentarios:
Publicar un comentario