miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tiempos de Amalivaca (III)



Junto a los sabios de la tierra invocó la fuerza y el amor de la selva, con ellos le habló a la espesura sobre sus sueños.

La selva respondió abriendo un rincón de su seno para recibir el regalo que le hacían el mar y la lluvia.

Habían transcurrido siete lunas llenas. En el amanecer que devino a una de ellas pudieron contemplar el resultado de sus esfuerzos.

Fue entonces cuando recordaron la condición de que el río debía correr siempre a favor de la corriente, tanto aguas arriba como aguas abajo.

Sonriendo y ya exhaustos desistieron de su empeño inicial, descansaron maravillados ante la hermosura de su reciente creación.

luego de muchos días Amalivaca y los sabios encontraron a Ouchhi herido y radiante en la orilla del Orinoco y le recibieron con cantos y abrazos cómplices.

Contó como pudo atrapar el sonido de trueno, para ponerlo en el caudal del río recién creado y en la voz de los tamanaco que luchen juntos. 

Mientras los tamanaco cuidaban a Ouchí y sanaban sus heridas, Amalivaca componía canciones a la brisa y a la luna.

En una caverna, del cerro Amalivaca yeutipe, hacía sonar su tambor para la gente. así, el jaguar y el ñame, el fuego y la orquídea se iban creando con su canto.

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