miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tiempos de Amalivaca (V)

Así amaneció el día que sería creado el tiempo. Viendo que sus tareas estaban concluidas, Amalivaca quiso tomar un camino que lo habitaba.

Preparandose para su retorno a la selva profunda y ya en su curiara, llamó a todos los tamanacos y los nombro a cada uno por su nombre.

Miro sus ojos, los abrazó a todos a la vez pensando en los vientos por venir y con la una voz que aprendió de la noche les concedió la vida eterna.

Les dijo: - uopicachetpe mapicatechí[1].

Ante las tempestades, los tamanacos renacerían constantemente y como algunos animales solo mudarán la piel.

Por entre la gente se abrió paso una anciana solitaria y de ropas oscuras, que hizo gestos de desprecio e incredulidad ante lo que escuchaba.

Mientras todos celebraban el mundo que ahora podrían construir y la vida que comenzaba a ser , ella soltó una carcajada de ira e incredulidad.

Para ella era imposible vivir de otra forma, los tamanaco son como habían sido y así debían quedarse y no deberían perder el miedo al trueno.

Algunos de los que allí estaban la miraron enfurecidos, otros asintieron con la cabeza.
Amalivaca, soltó un suspiro y mirando al vacío exclamó:

- Mattageptchí.[2]

Para ellos soplaba un viento de soledad, el silencio fue tormento. Amalivaca sintió dudas y quiso quedarse, pero sabía que en la casa de agua alguien, por fin,  le esperaría.

buscaba la mirada que le salvaría de la noche, en el profundo lago de los cielos… y partió





[1] -Solo la piel caerá.
[2] Morirán los que no crean


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